Christina Balinotti

Mi nombre es Christina Balinotti, tengo 56 años, dos hijos y una nieta maravillosa. Por ellos y en la esperanza de ofrecerles un mundo mejor, me embarqué hace algunos años en un viaje existencial hacia el descubrimiento de una forma alternativa de vida.
Dicha aventura se inició con dos preguntas que, probablemente, muchas de ustedes se han planteado alguna vez; ¿Por qué la violencia crece día a día? y ¿qué ocurre que las mujeres somos hoy, abanderadas de dicha violencia? Si las respuestas a las problemáticas personales se encuentran en uno mismo, por qué no pensar que es allí donde podemos hallar las respuestas a los cuestionamientos generales. Reflexionar acerca de la propia violencia emocional sufrida en la infancia, por ejemplo, me sirvió para ampliar mi conciencia en referencia al impacto negativo que el maltrato femenino provoca en el delicado equilibrio de las sociedades y en el corazón mismo de las mujeres.
Consciente que todo libro es, en esencia, una íntima experiencia autobiográfica, decido mencionar algunas de esas experiencias como aporte personal a una búsqueda de soluciones.
Desde niña, las tragedias familiares desalentaron mi capacidad de supervivencia y autoestima. Huérfana en dos oportunidades, «padres biológicos y más tarde, adoptivos», la naturaleza violenta de aquellos hechos me llevaron a la lenta aceptación de la adversidad que acompañó, desde entonces, mis años juveniles. Sin embargo, aquella aceptación no significó en manera alguna cobardía o sumisión. Más bien fue una forma de luchar sin entrar en el combate. Luchar de manera agresiva no da trabajo. Es casi una respuesta automática de esta cultura hostil en la que nos toca vivir. Lo difícil es deshacerse de las ganas de resistir, dominar, imponerse. Puedo hablar de esto sin que parezca incurrir en contradicción porque, como veremos luego, uno puede ser muy activo en la pasividad y en la no acción. Construír muchas cosas buenas sin necesidad de tanta oposición como la mayoría sabe y muy pocos han querido ejercitar. En mi caso, la violencia que las circunstancias me infligieron me enseñó una forma de rebeldía en la paz, una vigilia de las cosas sustanciales. Lo que me lleva a pensar que detrás de cada sufrimiento por terrible que parezca, yace la posibilidad de rescatar lo mejor de la situación y de nosotros mismos, si lo dejamos. Agradezco esta lección de la vida que mi adolescencia supo aprovechar y muy poco comprender. No me atribuyo, en consecuencia, responsabilidad alguna sobre aquella reacción espontánea de mi espíritu. Conjeturo que al salir fuera del marco regulado de una familia mi naturaleza femenina, libre de condicionamientos culturales, improvisó un paliativo y una curación que de manera violenta no hubiera logrado. De ella se desprendieron, con el tiempo, una serie de beneficios y ventajas entre las cuales, el rejuvenecimiento físico ha sido siempre la más notable.
Es así que cuando una mujer me pregunta sobre mi secreto de juventud contesto invariablemente lo siguiente: antes de emprender cualquier dieta, ejercicio físico o someterte a una cirugía cosmética revisa tus creencias culturales. Pregúntate cuales son las cosas que aprendiste en tu entorno familiar acerca de la maternidad, el trabajo y la pareja. Y cuál la relación que fomentaron entre tu organismo y tu imagen corporal. Hay mucho más para decir sobre la mujer que permanecerá ignorado si no nos atrevemos a cuestionar el origen de los mandatos sociales. Cierta vez, un médico me dijo; “Usted tiene buenos genes”. Sin embargo, hoy sabemos gracias a las investigaciones del Dr. Bruce Lipton que los genes no constituyen el único factor que interviene en las conductas físicas o mentales de un organismo. Más bien son parte de un “todo” que incluye otras variables; costumbres, pensamientos y manera de aproximarse a los problemas. Dicho de otra manera somos el resultado de aquello que inscribimos en nuestros genes. En este sentido, puedes muy bien arruinar una excelente dotación genética si te dedicas a las drogas o a cualquier conducta autodestructiva entre las cuales incluyo el modo de vida desmesurado y caótico en el cual sobrevivimos. En consecuencia, mantener un cuerpo femenino, juvenil y atractivo, más allá de los cincuenta, implica desarrollar desde nuestra juventud, un nivel óptimo de conciencia que nos permita alcanzar la comprensión de estas cuestiones. Mientras tanto, recurrimos a las cirugías de moda como única manera de encapsular la juventud.
Lamento confesar que no he podido hacer uso, como hubiera querido, de tales beneficios. Sin embargo la imposibilidad de acceder a esa lindura artificial, que muchas adoramos, es la mejor prueba de la verdad de estas revelaciones. Ignoradas por mi conciencia, en vano, intenté durante años dilucidarlas.
Afortunadamente, junto con la menopausia y un nuevo y excepcional marido, las hormonas de la sabiduría llegaron a descubrir aquel significado huidizo que mi juventud no supo comprender. Una búsqueda llevó, entonces, a un par de preguntas y en sus respuestas se manifestó, al cabo, una cosmovisión innovadora de la feminidad. Surge así, esta nueva corriente de pensamiento cultural para la mujer de nuestro tiempo que denomino “Feminidad Holística”.
A través de una singular interpretación de las causas que originaron la violencia contra la mujer he descubierto que la única esperanza que nos resta para frenar esta locura y establecer la mesura, es el desarrollo de una posición social femenina alejada de toda tradición, de todo paradigma conocido hasta el momento. Su íntima relación con la fuente de la juventud es, según comprobaremos, de carácter sorprendente e inesperado.
Darme cuenta de ello y ponerlo en una práctica que ayude a las mujeres es la única responsabilidad que me atribuyo. Producto de la intuición y no de la razón, esta nueva conceptualización, representa un grano de arena, una contribución personal a las sociedades moribundas y dolientes de este siglo que otros, más calificados, podrán perfeccionar.
Todo lo que he logrado quiero compartirlo y repartirlo. A todas las mujeres, y si a una sola le sirviera, vería cumplido enteramente mi objetivo. Las cosas pueden ser mejores si nos atrevemos a ampliar los horizontes perceptivos de nuestra conciencia femenina.
Amiga, no pretendo que me copies, más bien que a través de mi palabra encuentres tu texto original, tu aroma. Te extiendo mi mano. Dame la tuya. Quiero inspirarte, darte un envión. Yo lo recibí alguna vez, es mi turno de pasarlo.
christina.balinotti@gmail.com

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