Primer premio

Cuento ganador – Primer premio 2014

El amor a la patria, no es el amor ridículo a la tierra…”. José Martí.

El amor que llevo dentro

Por: Francisca Argüelles. 

Viajo por estas calles empedradas en compañía de un matrimonio inseparable, son mis amigos que disfrutan con mi risa, y comparten mis sentimientos. Él, se alegra o se lamenta con tiernas frases admirando los lugares que provocan recuerdos. Ella calla, apruebe o no el parecer de su compañero.
Y así, mirando un paisaje, viendo a niños jugar y pensando en mis nietos, camino sin apuro por este paraje del mundo donde se encuentran todos; el paisano triste escondiendo su pena, y el contento que disfruta cada hora del día. Entre tantos, estamos nosotros tres que nos amamos y andamos lento.

Mi amigo dice: —mira esas canicas. Las tuyas eran rojas y las de tus hermanos, verdes y azules. ¿Las recuerdas?— Yo, muy quedo contesto que no he olvidado sus colores, son iguales a mis sueños. Aquí se parecen los lugares; no son los mismos sabores, le falta el punto de sal, el de azúcar y el del pueblo. Avanzamos y el mar nos atrapa con su encanto. Motivo para evocar las playas maravillosas donde mi amiga se baña. Y cada ola que ruge, al chocar con un peñasco es un gemido de aquellos seres que no alcanzaron sus anhelos. Más, para los que lograron llegar al incierto encuentro con lo desconocido, es la quimera de sus deseos. Ella, como madre sufre y luce dormida. Él sabe de nuestra melancolía, y nos distrae señalando el horizonte, el sol que nos baña, y el cielo lleno de globos aventados por los niños.

A lo lejos vemos un barco que nos hace recordar la sorpresa que tuvimos en un crucero regresando a la Florida del viaje a Cancún, cuando la tripulación informaba a los turistas, en especial a los cubanos, que teníamos a la vista la Sierra de los Órganos de nuestra querida tierra. Toda la baranda del barco que daba para la costa pinareña se colmó de personas ávidas de admirar la silueta montañosa que se perfilaba. Unos tomábamos fotos, otros en silencio con la vista fija amando su nostalgia y, lágrimas mezclándose con el mar viajaban a su encuentro. También escuchamos a un señor decir: —Hace cuarenta años que no veía mi patria—. Se hizo silencio mientras mudas manos decían adiós al espectacular panorama, yo entre ellos. Y cuando la cordillera nos devolvía el saludo con la brisa que nos acariciaba, mi amigo susurró: —¿Te acuerdas de la belleza de sus orquídeas?—

Esta observación, hizo que yo cerrara los ojos, se hinchara mi pecho y me sintiera allí con ellos, en Soroa. Y así seguiremos, unidos en el triángulo del amor perfecto mientras yo exista, porque mis amigos, tienen nombres muy bonitos. Ella se llama Cuba y él, Pensamiento.

Poesía ganadora – Primer premio 2012

Simplemente así

Por: Andrés Cruz.

Seré la pagina doblada
en el libro de tu vida,
esperando ser leída
aunque sea de pasada.

Seré lagrima en tu almohada
derramada un día de lluvia,
cuando la tarde azotaba
tus recuerdos con gran furia.

Seré galope salvaje
de corsel entre tu pecho,
atravesando el blindaje
de tu corazón maltrecho.

Seré el vestido que dejaste
sin usar sobre tu cama,
el domingo que esperaste
todo el día esa llamada.

Seré el vaivén de la rama
acariciando tu techo,
seré el café recién hecho
que te anima en la mañana.

Seré a veces primavera
y en ocasiones invierno,
por ti doy la vida entera
sin jurar amor eterno.

 

Poesía ganadora – Primer premio 2011

Quisiera, ¡Oh, madre naturaleza!

Por: Miriam A. Sarmiento.

¡Madre de todos,
creación divina
que nos rodeas
de la majestuosidad
de tu belleza!

Quisiera tener alas
y llegar tan alto,
que alcanzara en mi vuelo
la montaña.

Quisiera ir tan lejos,
que recorriera los valles
verdes y fértiles
de tu creación.

Quisiera nadar tan profundo,
que tus océanos
llenos de misterio y vida
me acogieran.

Quisiera ser tan pequeña como un colibrí,
tan grande como un elefante,
tan libre como un águila en su vuelo,
tan alegre como un ruiseñor en su canto,
tan fuerte como un león y tan dulce
como una leona parida a sus cachorros.

Quisiera poseer el embrujo del majestuoso arco iris,
que ofreciendo a todos el éxtasis del color,
crea el paraíso sublime en que disfruta la flor.

Quisiera irradiar la tibieza del astro supremo,
para calentar la semilla y dar vida a la cosecha.

Quisiera poseer la frescura de la luna,
la majestuosidad de un cristalino río y de un manantial,
entre las rocas corriendo en juguetón capricho.

Quisiera ser flor,
¡cualquiera de las miles que hermosean campos y jardines,
y que en sinfonía armoniosa brindan al planeta pentagramas de gracia!
Quisiera ser abeja,
para libar su néctar…

Quisiera ser brisa y refrescar la tierra,
ser nieve y cubrirla de blancura.
Ser lluvia, e hidratar los campos y veredas,
ser fruta y alimentar especies.

Quisiera ser pincel,
y en complicidad con la musa,
inspirarme en tu entorno,
y hablarle al mundo,
de tu cielo.

Pero abrazo con vehemencia quién soy.
Soy quien descubre y más disfruta tus dones
Indiscutible parte de ti.
Soy hombre, soy mujer,
¡Máxima creación del Padre
integrada a tu grandeza!

¡Oh, madre naturaleza!
Tu regalo es prodigo,
pero me intimidas a veces con tu furia.
Cuando nos fustigas con tu látigo implacable,
demostrando al hombre en su ceguera,
¡La ira y el poder del Señor!

Sé que soy un punto en el espacio,
que admira todo lo creado.
Y junto a todas las especies,
¡Por ti, hija de Dios,
Me siento amado!

Crecemos y multiplicamos,
siendo alimentados por tu fértil tierra.
¡Bendita Seas!
¡Oh, poderosa!
¡Oh, magnífica!
¡Suprema obra de Dios!

¡Oh, madre naturaleza!

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